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| Boletín 003-agosto de 2009. Monitoreo y seguimiento. Parlamento del Mercosur. |
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| Thursday, 27 de August de 2009 | |
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Nuevo presidente del Parlamento del
Mercosur
El parlamentario uruguayo
Juan José Domínguez fue electo el pasado lunes 17 de agosto como nuevo presidente
del Parlamento del Mercosur durante la vi
Sesión Extraordinaria realizada en la ciudad de Montevideo, República Oriental
del Uruguay.
Antes de efectuarse el traspaso de la Presidencia, fue leído un informe de las actividades realizadas durante la Presidencia Pro Témpore paraguaya, destacándose especialmente la Sesión xvii y la iv Sesión Especial, realizadas en Asunción del Paraguay, siendo que en ellas fue aprobado el «Acuerdo Político para la Consolidación del Mercosur».
Domínguez asumió en el lugar del Dr. Ignacio Mendoza Unzaín, que ejerció la función desde el día 10 de febrero del corriente año.
Firman acuerdo entre el Parlamento
del Mercosur y
el Programa Mercosur Social y
Solidario
Al final de la vi Sesión Extraordinaria del Parlamento
del Mercosur, realizada el 17 de agosto de 2009 en Montevideo, se firmó el Acuerdo
de Cooperación entre el Parlamento del Mercosur y el Programa Mercosur Social y
Solidario.
El presente convenio tiene
como objetivo la creación de un espacio de cooperación y complementación
técnica para la interacción institucional, facilitando el intercambio de
conocimientos entre las organizaciones sociales en la región.
Ignacio Arboleya, integrante del Programa Mercosur Social y Solidario, afirmó que «[…] el acuerdo con el Parlamento del Mercosur es importante, ya que es uno de los componentes que habilitan la participación ciudadana», y resaltó que el convenio permitirá «realizar en forma conjunta, programas de actividades, proyectos específicos y toda la tarea de cooperación que contribuya con los objetivos y competencias de ambas organizaciones».
Discurso de Carlos Zagni,
secretario ejecutivo del
Programa Mercosur Social y
Solidario
Señores(as) parlamentarios(as),
representantes de redes regionales, amigos(as), tengan ustedes muy buenas
tardes.
A inicio de los noventa, la
decisión política manifiesta en el Tratado de Asunción de sentar bases para la
construcción de un proceso de integración —el Mercado Común del Sur, Mercosur—
significó un paso trascendente para los países de una región que salía de
dictaduras, que habían constituido los fundamentos de su poder a partir de la
violación del orden institucional, el uso abusivo de la fuerza, el terrorismo
de Estado, el desprecio por la democracia y, en no pocos casos, apelando a la
hipótesis de conflicto entre los diferentes países hermanos.
Desde entonces, hemos
tenido que enfrentar múltiples crisis. La década de los noventa, caracterizada
por el embate neoliberal, poco ha aportado para la profundización de esta
iniciativa en los términos de una integración más democrática que contemple no
sólo los aspectos comerciales más concentrados, sino aquellos que hacen a la
participación más amplia de la sociedad sobre la toma de decisiones que
afectarán de manera sustantiva la realidad de nuestros pueblos.
Fue tan sólo a partir de
los últimos años cuando el debate en torno a la consolidación de la democracia
en América del Sur, comenzó a ser asociado de manera más o menos directa a la
ampliación y profundización de los procesos de integración regional.
En este proceso, se comenzó
a hablar con mayor claridad de la necesidad de abordar seriamente algunos
puntos conflictivos que obstaculizan y condicionan una construcción más justa
de la integración: las asimetrías existentes entre los diferentes países del
bloque, el tema energético, la necesidad de mayor transparencia en la dinámica
de toma de decisiones, la urgencia de una mayor institucionalidad y de que la
misma amplíe los márgenes de participación social para dotarlas de una mayor
legitimidad política.
Es innegable la complejidad
del desafío, aunque la generación de algunos espacios de participación social,
como las Cumbres Sociales, la dinámica alcanzada por algunas reuniones
especializadas, la creación de algunas instituciones como este Parlamento, y la
más reciente del Instituto Social del Mercosur, son pasos importantes dados en
esa dirección.
No obstante, la
preeminencia de lógicas y coyunturas nacionales por sobre una mirada regional
son aún muy fuertes. Tenemos dificultades para visualizar la necesidad de
pensar la ecuación del desarrollo en términos de complementariedad entre los
distintos países del bloque. Falta mucho por hacer para que la integración
posibilite dar soluciones reales y concretas a los problemas más urgentes de
nuestros pueblos, como son la pobreza, un acceso más igualitario al ejercicio
de los derechos sociales y económicos para amplios sectores de la ciudadanía, y
la defensa de nuestros recursos naturales frente a explotación abusiva de estos,
que no sólo compromete nuestro patrimonio, sino la vida misma de las
generaciones futuras.
El contexto de crisis
internacional por el que atravesamos, nos plantea la urgencia de un debate
profundo sobre la integración regional que queremos. A la gravedad del momento,
sin embargo, le corresponde una oportunidad histórica y política privilegiada:
pocas veces los países latinoamericanos hemos tenido una coincidencia tan
importante sobre la necesidad de mantenernos unidos en la defensa de los
valores democráticos y hemos sido tan concientes de la fortaleza que nos brinda
esa unidad. Por esto mismo, el desafío histórico es mayor, y en él, no sólo
están involucrados los gobiernos e instituciones, sino también las
organizaciones y movimientos sociales, que deberemos ser capaces de construir
nuevas formas de relacionamiento entre sociedad y Estado.
Es por esto, que el Programa
Mercosur Social y Solidario, desde hace seis años, viene impulsando una
estrategia de fortalecimiento de las capacidades propositivas de diferentes
actores sociales de base, y tiene como meta contribuir a constituirlos como
interlocutores frente a los gobiernos subnacionales, nacionales e instancias
regionales, de manera que puedan colocar sus temas y demandas como parte de las
agendas y resoluciones que hacen a la integración.
Creemos que como
organizaciones y movimientos sociales tenemos mucho para aportar a un proceso
de integración regional que coloque de manera central el respeto y la vigencia
de los derechos humanos, como una acción estratégica encaminada a disminuir las
brechas de desigualdad, a combatir la pobreza y a la posibilidad de implementar
políticas públicas regionales que favorezcan la cohesión social y fortalezcan
una cultura política de respeto a la diversidad y a la no discriminación.
Por esto, para nosotros,
este acto marca un avance en los objetivos que nos propusimos como plataforma, pero
también refuerza el compromiso que asumimos para aportar ideas y propuestas. Es
en este marco que la firma del presente convenio adquiere su mejor definición,
ya que reconocemos en este Parlamento uno de los espacios de vital importancia
para el fortalecimiento democrático del Mercosur, con el que esperamos poder
emprender acciones conjuntas que nos permitan fortalecer y construir nuevos
espacios de participación ciudadana que den mayor consistencia y legitimidad a
un proceso de integración regional, que aspiramos sea más justo y equitativo.
Montevideo,
lunes 17 de agosto de 2009
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